Las piedras de Kiseki: Ópalo Blanco

Hoy volvemos con una nueva entrada a nuestro blog, para hablaros de una piedra 100% natural que ha gustado mucho en nuestras joyas.

El ópalo simboliza del decimocuarto año de matrimonio; augura la buena fortuna. Esa preciosa piedra única y fascinante posee unos geniales efectos ópticos con un juego de colores que te dejarán fascinada.

Y es que la piedra de los mil colores es la única gema capaz de reflejar los rayos de luz y transformarlos en los colores del arcoíris.

Dentro de la gran cantidad de variedades de ópalo que encontramos en la Naturaleza, el ópalo blanco es el más especial. Con un color generalmente blanco o crema y un destello de arcoíris, es el más conocido de todos las las piedras de ópalo. Esta variedad de ópalo es la más usada en joyería.

Proviene principalmente de Australia, concretamente de la ciudad de Coober Pedy; de hecho, esta ciudad está apodada como la capital mundial del ópalo. Recientes estudios apuntan a que el ópalo blanco australiano se formó durante “un extraordinario episodio de meteorización ácida, a causa de la desecación del paisaje del centro de Australia”.

El ópalo blanco es el más brillante de todas las variables de esta preciosa piedra. Irradia optimismo, entusiasmo, imaginación y buen humor.

También es un símbolo de amor duradero en un nivel muy profundo; si has encontrado a tu alma gemela, intercambia con él una piedra de ópalo blanco para garantizaros amor eterno y esperanza.

Al igual que cualquier piedra de los mil colores, el ópalo blanco es una piedra del deseo.

Para limpiar tu ópalo blanco, hazlo sólo con un cepillo suave y agua jabonosa tibia. Cuando esté bien limpio retira todo el detergente con abundante agua.

No olvides que los ópalos, en general, son piedras muy frágiles. Debes protegerlos, por lo tanto, de caídas y roces o golpes que puedan dañarlos. Deberías quitarte tus joyas con ópalo antes de realizar tareas domésticas o ejercicio físico.

Evita exponerlo a ambientes hostiles ya que es una gema sumamente delicada. Los productos químicos, el soy y el calor, en general, no son amigos de tu piedra.

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